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Muere Eusebio Naranjo, el hombre que cambió la historia del CF La Solana

Muere Eusebio Naranjo, el hombre que cambió la historia del CF La Solana
Fallece una de las grandes figuras del fútbol solanero tras pasar por una larga enfermedad.
Aurelio Maroto / Fotografías: LA GACETA

Aquel 11 de junio de 1989 quedó marcado a fuego en la historia del CF La Solana. Setecientos solaneros convirtieron Albacete en una fabulosa marea amarilla. El equipo acabó arrollando al At. Albacete en el antiguo campo de la Federación y selló su primer ascenso a Tercera División. Ha sido, seguramente, el día más hermoso desde la refundación del fútbol solanero bajo la denominación de CF La Solana en el año 1971, con el debido respeto a otras gestas, alguna bastante reciente.

Aquella epopeya tuvo varios nombres propios, pero sobre todo dos. Uno, Luis Carlos López, un desconocido entrenador madrileño que llegó de puntillas y acabó entronizado por La Moheda. Y dos, Eusebio Naranjo, el presidente que marcó un antes y un después. Por desgracia, nos dejaba para siempre este domingo después de una larga enfermedad.

Eusebio Naranjo Serrano (La Solana, 1950) era simplemente ‘Pepote’, tan sencillo en el trato cercano como brillante en su faceta empresarial. Empujado por su buen amigo Domingo Alhambra, se convirtió en el 8º presidente del CF La Solana en el verano de 1987, después de una temporada desastrosa, con el equipo hundido en la clasificación y una afición huidiza. Lejos quedaban los días de vino y rosas con La Solana paseando su nombre en aquella potente Primera Regional de Castilla junto a los equipos de Madrid. Además, habían colgado las botas los últimos grandes nombres de aquella era dorada: Manzano, Sevilla, Gabriel, Padilla, Juan Y cerca andaba todavía en la memoria la trágica muerte de Ortiz (1982).

La llegada de Eusebio Naranjo lo cambió todo. Fue como una pequeña revolución. La asamblea de su proclamación llenó el viejo salón de actos de la Casa de Cultura y ese mismo día, sin tiempo que perder, Domingo Alhambra se llevó al nuevo presidente a Tomelloso, con Paulino Sánchez como testigo. El objetivo era Paco Gálvez, el mítico entrenador que una década atrás había escrito las mejores páginas en el banquillo de La Moheda. Pero el CF La Solana había perdido su pedigrí de antaño. El proyecto era demasiado tentador como para ser cierto y Gálvez no se fío, como admitiría años después a este mismo periodista.

Se activó el ‘plan B’ y La Solana acabó fichando al alcazareño Matías López, que venía de triunfar con el extinto Gimnástico. Con él llegaron conocidos jugadores provinciales del momento, entre ellos el portero Marta, el centrocampista Arias o el delantero Asterio. Junto a ellos, volvieron canteranos de gran relieve como Felipe, Roso, Juan o Sancho IV, y seguían otros ‘clásicos’ como Sancho III, Justo o Alejandro. Una plantilla importante con un único objetivo: el ascenso. La afición se reenganchó de nuevo y regresó en masa a La Moheda. Eusebio Naranjo había logrado que se volviera a respirar una enorme ilusión, tanta que se superó la cifra de 400 socios. La temporada fue muy buena, aunque no lo suficiente. La Roda de Pepe Carcelén logró el ascenso directo como campeón y el Criptanense de ¡Paco Gálvez! disputó, y ganó, la promoción, con un tal Loren Navarro como lateral. Los amarillos, terceros, se quedaron a las puertas.

Eusebio Naranjo junto a Luis Carlos López, el entrenador del primer ascenso.

La decepción hizo mella. Tanta que los planes cambiaron. Eusebio Naranjo, en su segunda temporada como presidente, volvió la mirada a Madrid. Uno de sus directivos, Pedro Galindo, le convenció para que fichara a Luis Carlos López, un empleado de Correos al que nadie conocía. Aterrizó con un puñado de chavales jóvenes: Mena, Germán, Josito, Rubén, Álvaro… Una apuesta arriesgada que generó no pocos recelos en la afición. Se habían marchado de nuevo piezas importantes como Roso o Sancho IV, aunque seguía parte del último núcleo duro local con veteranos como Joaquín, Juan, Felipe o Sancho III, y otros más jóvenes como Gregorio o el portero José. Una plantilla más barata y más inexperta.

Para colmo, la puesta en escena liguera fue horrible, con dos derrotas consecutivas para empezar. Pero esa semana tocaba Copa Federación de Castilla-La Mancha y La Solana jugó un gran partido ante el CD Quintanar, que entonces vivía sus años dorados en Tercera División con los Chocano, Carrobles, Oliveira y compañía. Ese día, Eduardo Mena jugó por primera vez como central libre o líbero –que se decía entonces-. El cambio fue tan radical que La Solana inició al domingo siguiente un récord histórico de 21 partidos consecutivos sin conocer la derrota

Los amarillos sólo cedieron ante el potente Motilla, dirigido aquel año por un joven Joaquín Caparrós, que fue campeón. En la última jornada, había que ganar, sí o sí, en el campo del At. Albacete, otro de los gallitos. Cualquier otro resultado daría el otro puesto de ascenso a sus vecinos del CD Madrigueras. Hubo encerrona y un ambiente hostil, pero nada pudo con el desembarco de solaneros y, sobre todo, con los goles de Tejada, Salva y Juan. Esa tarde, Eusebio Naranjo fue subido a hombros y vivió sus momentos de mayor gloria como presidente del CF La Solana. Había conseguido un ascenso histórico, con un desplazamiento de aficionados tal vez irrepetible.

Como quiera que ‘no hay dos sin tres’, Eusebio Naranjo aceptó ser el presidente del debut en Tercera. Luis Carlos López seguiría siendo su hombre, aunque la categoría exigía un paso adelante. Deportivo y económico. El presupuesto subió hasta los 20 millones de pesetas (120.000 euros) de hace 31 años. Siguieron muchos jugadores, pero llegaron refuerzos, entre ellos Viñuales, Domínguez o Ayúcar. La afición estaba volcada, con medias de entre 800 y 1.000 espectadores por partido en La Moheda. Difícil olvidar el debut en casa frente al poderoso Talavera, que acabó hincando la rodilla (1-0). La buena marcha del equipo era paralela a una plantilla que mezclaba calidad y un alto coste. Eusebio Naranjo nos diría después que el tesorero “no llegaba a los cortes”. Como en las dos temporadas anteriores, el presidente tuvo que tapar más de un agujero de su propio bolsillo.

Esos sinsabores, tan comunes en el ‘otro fútbol’, el que no ve el aficionado en el día a día de un club modesto, acabaron por dinamitar la ilusión de Eusebio Naranjo, que rechazó completar su mandato y dejó la presidencia. Tres años antes había cogido el timón de un barco que zozobraba, enderezando su rumbo. No sin marejadas, logró llevarlo al soñado puerto de Tercera División, escribiendo una página sublime. Quizás la más sublime de todas. Se ha ganado un hueco en la historia del deporte solanero. Descanse en paz.

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