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Los galos saquean Roma.

Contienda entre romanos y galos.
Daniel Cuadrado

Que Roma llegó a ser una gran nación cuyo Imperio dominó durante siglos buena parte del mundo conocido es un hecho que todos conocemos. Ahora bien, para que naciesen personajes tan famosos como Julio César o Trajano, los romanos tuvieron que superar una serie de obstáculos que no les resultaron nada fáciles. Sobre uno de esos primeros obstáculos vamos a hablar en el presente artículo: los galos senones.

Antecedentes.

Nos situamos en el siglo IV a.C, Roma no es más que una pequeña, y molesta, ciudad-estado del centro de Italia, asentada a orillas del Tíber en la región del Lacio. El resto de la bota está dividida en tribus y ciudades-estado a menudo rivales entre sí, mientras que en el sur imperan las colonias que los griegos fundaron tiempo atrás. Los romanos, a medida que su poder va en aumento, comienzan a alterar ese precario equilibrio. Es en este momento, cuando Roma estaba iniciando su auge, cuando los senones hacen su gran aparición por el norte de Italia, adentrándose en el territorio etrusco.

Estos galos al mando de su caudillo Breno, atacaron la ciudad de Clusio, con un ejército de unos treinta mil efectivos. Los asediados no tenían capacidad para rechazar semejante horda gala, bien armados y fieros en el combate, y es que los celtas eran una de las fuerzas más temibles del momento. El caso que los clusianos decidieron que los únicos que podían ayudarles eran los romanos, de modo que enviaron emisarios pidiendo ayuda. Y Roma, como no podía ser de otro modo, respondió. No tenían modo de saber hasta qué punto estaban cometiendo un error.
Los romanos enviaron una delegación para negociar con los senones, dicha comisión estaba compuesta por miembros de una de las más poderosas familias aristócratas de Roma: los Fabios. Las negociaciones se torcieron y durante su transcurso, Quinto Fabio, uno de los embajadores romanos, mató a un líder galo. Los senones pidieron entonces que la familia Fabia les fuese entregada como reparo por el daño que habían causado. En Roma se negaron en rotundo y la guerra acabó por declararse.

La batalla de Alia y el saqueo de Roma.

Por si fuera poco, los Fabios fueron nombrados tribunos consulares (el más alto cargo que se podía alcanzar esa época), y se pusieron al frente del ejército romano que se había reunido para hacer frente a la amenaza gala.
Se reunieron en el río Alia, con el fin de contener el avance senón hacia Roma. En esta época las tropas romanas se parecían, tanto en equipamiento como en tácticas de combate, a las falanges griegas, y no se habían enfrentado nunca a una horda celta que empleaba un gran contingente de caballería. Los romanos dispondrían de unos veinte mil efectivos, mientras que los galos podrían alinear unos treinta mil.
La disposición táctica romana situó a la infantería más pesada, constituida por los ciudadanos más pudientes, en el centro, mientras que los flancos quedaron protegidos por los soldados más jóvenes y la caballería.

Con respecto al enfrentamiento, poco hay que decir, salvo que fue un desastre total para Roma. Los galos pasaron por encima de los romanos casi sin esfuerzo. Una vez que los flancos se vieron desbordados, Breno y sus guerreros rodearon al enemigo y lo destrozaron. Los restos del ejército romano huyeron despavoridos a Roma, que, con aquella derrota brutal, había quedado desprotegida frente a la invasión de los galos.
Ante el terrible avance galo los habitantes de Roma se refugiaron en la colina del Capitolio, donde lograron rechazar el ataque. Por desgracia, el resto de la ciudad de Roma fue saqueada y devastada, siendo destruidos todos sus escritos anteriores a este periodo. Según se cuenta, un grupo de supervivientes de la derrota de Alia habría nombrado a Marco Furio Camilo general para intentar derrotar a los senones de Breno, aunque todo esto no puede ser demostrado, ya que las fuentes romanas de este tiempo no resultan del todo fiables.
Un grupo de senadores romanos permanecieron firmes ante los galos, como muestra de superioridad, pero fueron masacrados por éstos. Al final, después de haber saqueado la ciudad y dejarla medio arrasada, los galos, ante la imposibilidad de tomar el Capitolio, se avinieron a negociar. El resultado fue la retirada de los senones a cambio de que Roma les pagase nada menos que mil libras de oro. Cuando se estaba realizando el pago, Breno usó pesas trucadas en la balanza y, ante la protesta de los romanos, arrojó su espada para sumarla al peso mientras exclamaba la ya famosa frase Vae victis (Ay de los vencidos).  Según contaron los romanos de posteriores generaciones, cuando los galos se estaban replegando, apareció el ejército de Camilo y les causó una severa derrota.

El saqueo de Roma.

Roma tardó años en recuperar su hegemonía, pero al final, a costa de muchas campañas y pérdida, fue haciéndose un hueco en Italia. Hay que tener en cuenta que los hechos narrados en este artículo corresponden a una época muy lejana en la historia romana, y los autores latinos posteriores la fueron modificando hasta hacerla casi una leyenda. De lo que no cabe es de que, los romanos de este tiempo fueron severamente derrotados por una fuerza celta. Por otro lado, tras este saqueo, habrían de pasar ochocientos años para que un nuevo enemigo, en esta ocasión los godos de Alarico, entrasen en Roma, en una Roma ya moribunda al borde del colapso. Pero ésa, como suele decirse, es otra historia.

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