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perm_identityJose Vicente Salinas

La Schutzstaffel, élite del movimiento nazi

Hitler junto a Himmler, pasando revisión a un batallón de las SS.
Las SS, creadas en 1925, constituyeron la élite del movimiento nacionalsocialista de Hitler en Alemania. Sometidas a entrenamientos de brutal exigencia, aseguraba la obediencia ciega al Führer. Incluso con la caída del III Reich, las SS siguieron combatiendo sin cuestionarse ni un solo pensamiento. Responsables de muchos de los mayores crímenes de guerra que se hayan visto en la historia, incluidos los asesinatos en masa de los conocidos campos de concentración y trabajo. ¿Quiénes eran? ¿Cómo actuaban? ¿Porqué tanta devoción y pasión a una ideología y, sobre todo, hacía una sola persona? En el serial ‘La Schutzstaffel, élite del movimiento nazi’ os contaremos al detalle las hazañas de este cuerpo militar-policial-político que rindió pleitesía máxima a uno de los mayores genocidas del mundo.
J. V. SALINAS

La guardia leal del Führer

Los tumultuosos años posteriores a la Primera Guerra Mundial, el Partido Nazi -NSDAP- contó con un cuerpo de matones reclutados entre los miembros del partido y siempre dispuestos a imponerse por la violencia física o la fuerza, las Sturmabteilung (SA o Camisas Pardas). Esta fuerza de élite y asalto, mostraron su determinación en diversos conflictos y enfrentamientos con aquellas personas de ideología comunista.

Hitler, arrestado tras el Puch de Múnich de 1923, era conocedor de las hazañas de las SA, las cuales albergaban unos 2.000 miembros y, mientras el futuro Führer yacía entre rejas, su número se incremento en 30.000 miembros. Esto despertó una serie de pensamientos en la metódica mente de Hitler: satisfacción por semejante éxito e inquietud por una posible posibilidad de amenaza en un futuro dentro del partido.

Esto llevo a Hitler a pedirle a su chófer, Julius Schreck, la creación de una guardia personal, la Schutzstaffel, la cual debía ser formada por no más de 10 hombres y un oficial provenientes de las distintas provincias alemanas, con buen físico, libres de antecedentes penales, todo bajo una suculenta selección. Obviamente, el elemento de máxima importancia era que las SS prometieran inquebrantable fidelidad a Hitler, donde los seleccionados juraban «yo te juro, Adolf Hitler, guía y canciller del Imperio Alemán, lealtad y valor. Yo te juro a ti y a los líderes nombrados por ti, obediencia hasta la muerte con la ayuda de Dios».

Bajo juramento, las SS estaban listas en 1925. Los fieles soldados de la guardia se comprometían a proteger a Hitler con sus vidas en mítines y campañas electorales. Los primeros miembros de las SS fueron: Rudolf Hess, Hermann Göring y Heinrich Himmler, quienes serían decisivos en el transcurso del partido alemán nazi.

Los Camisas Pardas, una amenaza para las SS

En 1929, Heinrich Himmler es nombrado Reichsführer-SS por Hitler, convirtiéndolo en el líder de los 280 miembros que formaban el grupo. Himmler quería crear una Orden Paramilitar de nombre nórdico que obedeciera las ordenes de Hitler incondicionalmente. El problema era que las SS estaban formalmente subordinadas a las SA, deteniendo el crecimiento e influencia de las SS.

Escuadrón de Camisas Pardas, 1929.
Escuadrón de Camisas Pardas, 1929.

Cuando en 1933 Hitler fue nombrado Canciller de Alemania, las SA tenían más de 400.000 miembros, lo que las convertía en una fuerza independiente dentro del partido nazi. Ernst Röhm, máximo responsable de las SA, no disimulaba su poder de ambición político. En 1934 declaró que las SA debían de fusionarse con el ejército, con el como líder. Hitler, ante tales palabras, decidió parar a las SA y declaro el cuerpo como suspendido. En la ‘Noche de los cuchillos largos’, el Führer mandó arrestar a los cabecillas de las SA, quedando bajo la autoridad de Sepp Dietrich y Theodor Eicke. Con las SA fuera de juego, las SS podrían crecer y desarrollarse como fuerza militar dentro del partido. La Wehrmacht, conocedora de los acontecimientos y acaparadora de la mayoría de los reclutas, no veía con buenas ideas la suspensión de las SA, al ser un cuerpo que ya ostentaba años de servicio, y menos, a favor del auge sádico y manipulador de las SS.

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