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Harpastum, el precursor de nuestros juegos de pelota

Imagen ilustrada del Haspartum.
Daniel Cuadrado

A los romanos les debemos muchas cosas: carreteras, sistema de leyes, idioma, configuración militar… También nos han legado importantes restos arqueológicos y monumentos como los anfiteatros, de los que el Coliseo es su máxima expresión, templos, como el Panteón, o acueductos, como el de Segovia, y estos impresionantes edificios son sólo algunos de los ejemplos que podemos encontrar en todos los rincones que alguna vez pisaron las poderosas legiones romanas.

A través de este artículo quiero rescatar uno de los deportes que practicaban los antiguos romanos y que, con el paso del tiempo, podemos considerar con antepasado del actual rugby y del fútbol. Y es que, como casi todo en nuestra sociedad moderna, estos dos deportes tan conocidos, practicados y que mueven tanto dinero, tienen un origen remoto y mucho más práctico: el entrenamiento de los soldados romanos.

El juego

El harpastum, casi como cualquier juego de pelota, requiere de un terreno, un campo igual que nuestros modernos campos de fútbol delimitados por líneas. El terreno de juego era un rectángulo dividido en dos mitades y que se marcaba con cuerdas. Cada equipo, de número variable, tenía que tratar de llegar con la pelota al campo contrario y tocar con ella la cuerda, eso se consideraba punto. Sólo se podía tocar al jugador que en ese momento tuviese la pelota en su poder.

Recreación del Haspartum en la actualidad.
Recreación del Haspartum en la actualidad.

 

En el juego primaba la estrategia para realizar los pases y —todo hay que decirlo— la fuerza bruta, ya que se permitía casi cualquier cosa, salvo matar a un jugador (esto puede parecer demasiado obvio, pero los romanos eran bastante brutos si querían). La colocación de los miembros del equipo era importante, pues la clave estaba en lanzar pases rápidos para que el rival no pudiera robar el balón.

De hecho, en ocasiones se producían peleas entre los jugadores e incluso entre los seguidores, de igual forma que sucedía con las carreras de cuadrigas. Este deporte estaba abierto a todo el mundo, contamos con mosaicos romanos que representan a mujeres jugando al harpastum, pero era popular sobre todo entre el ejército.

El harpastum en el ejército

Como decía más arriba, el harpastum podía ser jugado por todo el mundo, pero se hizo un deporte extendido sobre todo a las tropas, y lo cierto es que es normal puesto que es una práctica muy completa: el ejercicio físico era intenso y se requería fuerza, destreza individual y cierta ferocidad para jugar. Además había que competir en equipo, lo que fomentaba la camaradería, competitividad y la disciplina, siendo todas esas características necesarias para combatir posteriormente en el campo de batalla

Con estos datos podemos concluir que tanto el fútbol como el rugby tienen elementos que se parecen mucho a los practicados en el harpastum y es que… a pesar de que nos separan veinte siglos de los antiguos romanos, no somos tan diferentes.

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