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El inicio de la conquista de Hispania (Parte II)

El inicio de la conquista de Hispania (Parte II)
DANIEL CUADRADO

Roma y Cartago: frente a frente.

Aníbal, con noventa mil hombres, más de diez mil jinetes y unos cuarenta elefantes, atravesó los Pirineos, la Galia y los Alpes, y se presentó en Italia, pillando por sorpresa a los romanos. Roma, por su parte, había proyectado una guerra diferente y desplazó dos legiones a Hispania, para cortar las vías de suministro cartaginesas y debilitar así los recursos de Aníbal. Era el año 218 a.C y los romanos, tras desembarcar en Emporion (Ampurias) derrotaron al general Hannón en la batalla de Cissa. Tras esta fácil victoria, obtenida gracias a la superioridad numérica, Gneo Cornelio Escipión, al mando del ejército romano desplazado a Hispania, ganó el apoyo de varias tribus autóctonas y fundó un enclave nuevo, Tarraco (Tarragona), la primera ciudad romana en Hispania. Romanos y cartagineses se enzarzaron entonces en una serie de ataques a ambos lados del Ebro, perpetrados por unos y otros, para intentar controlar la región. Una batalla en el río Ebro, entre las flotas de Cartago y Roma, significó la destrucción de los púnicos y causó que las tribus aliadas de los cartagineses se rebelasen.

 

Por el momento, la Segunda Guerra Púnica iba muy bien en Hispania para los romanos, pero en su territorio, en la mismísima Italia, el desastre absoluto aconteció.

Soldado de infantería y portaestandarte cartaginés.

Cissa, Ebro….Cartago estaba perdiendo la guerra hispana dejando que Roma controlase en poco tiempo el norte del país. Sin embargo, todo esto no servía de nada a una Roma que, en términos generales, perdía la guerra. Aníbal estaba en Italia cosechando un triunfo tras otro, Tesino, Trebia, el desastre del lago Trasimeno, fueron sus primeras victorias contra unos romanos que veían impotentes como el cartaginés avanzaba al sur. En el año 216 a.C, Roma, en un intento desesperado por frenar a Aníbal, reunieron un gigantesco ejército de ochenta mil hombres, una fuerza descomunal, y se prepararon para enfrentarse a los cartagineses en Cannas. Aníbal, que apenas reunía cuarenta mil efectivos, se las ingenió para, en una obra maestra de estrategia militar, no sólo derrotar, sino barrer por completo al ejército romano.

Esto supuso un punto de inflexión en el curso de la guerra: los romanos vieron sus recursos militares drásticamente reducidos, Aníbal llegó incluso a pasearse por las murallas de la capital ante los aterrorizados ciudadanos, y, como consecuencia de tales pérdidas, los Escipión, en Hispania, se quedaron sin recibir refuerzos, dependiendo ahora de las lealtades cambiantes de los hispanos. Era el momento que los cartagineses esperaban. Asdrúbal, el hermano de Aníbal en Hispania, avanzó a la ciudad de Dertosa (Tortosa) para intentar someterla por asedio, su plan era cruzar después los Pirineos y los Alpes y unirse a Aníbal en Italia. Pero esto no sucedería, porque los Escipiones le derrotaron contundentemente, haciendo estéril la victoria de Aníbal en Cannas.

La guerra entre ambas potencias acabó por extenderse a casi todo el Mediterráneo. En este tiempo los romanos, que se defendían en Italia sin poder expulsar al invencible Aníbal, se asentaron en Hispania mientras trataban de doblegar al gran poder de Cartago en la región. Llegamos así al año 211 a.C cuando ambos hermanos Escipión son traicionados por sus aliados íberos y mueren en sendas batallas. Diezmados y sin líderes, los romanos pierden sus conquistas y se retiran, dirigidos temporalmente por un oficial llamado Lucio Marcio, al norte del Ebro, donde resistirán penosamente. El Senado envió a Claudio Nerón con diez mil hombres, quien se retiró un año después sin conseguir absolutamente nada.

 

El final del conflicto: Publio Cornelio Escipión.  

Las cosas en Hispania pintaban muy mal para los romanos. Esta tierra era terrorífica y nadie quería venir aquí a jugarse la vida y el prestigio político Nadie, salvo uno, un joven de veinticuatro años llamado Publio Cornelio Escipión, hijo y sobrino de los Escipiones muertos hacía unos años. El joven Escipión no tenía ni la edad ni la experiencia para la misión, pero ante la falta de otro candidato, el Senado le otorgó dos legiones y le permitió viajar a Hispania. Escipión no iba ni a perder el tiempo. Sabedor de que estaba en una clara inferioridad numérica optó por una estrategia muy audaz. Rápidamente, a marchas forzadas, recorrió a pie con sus tropas, seguido por la flota, el trayecto desde Tarraco hasta Qart Hadasht, ciudad considerada inexpugnable. La conquistó en seis días, y privó a los cartagineses de su capital, que los romanos rebautizaron como Cartago Nova, y de las estratégicas minas de la región, por no mencionar el inmenso golpe moral de dicha conquista.

En el 208 a.C, en Baecula (Jaén) derrotó a Asdrúbal, el hermano de Aníbal, y aunque pudo escapar al norte y llegar a Italia, fue vencido de nuevo en Metauro y muerto. Escipión se descubrió como un estratega brillante, y para el 206 a.C ya había sometido gran parte de Hispania y libró su última batalla en el suelo hispano, en Ilipa (Alcalá del Río, Sevilla). La victoria fue absoluta y significó la pérdida total del territorio cartaginés en Hispania. La última posesión de Cartago, Gadir (Cádiz) cayó al poco.

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