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El CF La Solana desciende. La honradez no fue suficiente

El CF La Solana desciende. La honradez no fue suficiente
El CF La Solana consuma un descenso doloroso y de consecuencias todavía imprevisibles.
Aurelio Maroto / Fotografía: LA GACETA

Se acabó lo que se daba. El CF La Solana cae al pozo de la Regional Preferente tan solo tres años de salir de él. El triunfo frente al Madridejos (3-2) acabó siendo el canto de cisne amarillo en La Moheda, cuya afición, pese a todo, despidió a sus futbolistas entre aplausos. Estaban rotos por el esfuerzo tras otro partido de enorme desgaste, y aunque a esas horas aún latía un hilo de esperanza en Almagro, el Conquense no falló. El descenso se ha consumado tras un año lleno de obstáculos. Deportivos, económicos y extradeportivos.

Los deportivos son evidentes: la plantilla se construyó mal, sobre todo de medio campo para arriba –salvo alguna excepción- y Pepe Berja no supo dar con la tecla para sacar un rendimiento extra a ese plantel cogido con alfileres para ser fiable en la categoría. Su mejor servicio al club es que lo vio venir, fue honesto y él mismo pidió marcharse antes de agrandar el problema. Dejó al equipo en la jornada 9 con solo 5 puntos.

Llegó Kiko Vilches, con tiempo para reflotar el barco. Quedaban 13 jornadas de la primera fase. Recompuso la plantilla como pudo. Llegó Ángel Luis, llegó Said, reapareció Almarcha… El equipo comenzó a competir mejor y llegaron algunas victorias esperanzadoras ante Huracán Balazote (1-0) y Almagro (2-0), o en Ciudad Real (0-1), y buenos partidos ante rivales poderosos como Calvo Sotelo, La Roda, Quintanar del Rey o At. Albacete. Los amarillos sumaron 12 puntos más, casi a punto por partido. Pero el retraso era importante y, para colmo, llegaron algunas lesiones de relieve: Luque, Josema, Vicente, Diego Sevilla, Juan, Raúl…

La Solana arrancó el play-out con 17 puntos, lejos de los mejores, aunque siguió remando duro. Tanto que en los siguientes 9 partidos ha sacado 15 puntos. Son números realmente buenos, amparados por una trayectoria que de haberse logrado en la primera fase probablemente habría cambiado la historia. Pero la historia es la que es, no la que pudo ser. Y una de las razones hay que buscarlas en el segundo obstáculo: el económico.

El CF La Solana tuvo problemas para reforzarse. Primero, sin duda, por falta de acierto, pero también por presupuesto. Se escapaban fichajes por pura ortodoxia económica. Es imposible ser más honrado con tus propias posibilidades. Primero, cumplir los compromisos. Y claro, ese cerrojazo a gastar más de lo que uno puede genera riesgos. Por eso, el CF La Solana da lecciones de cómo se paga en tiempo y forma a sus futbolistas y a sus proveedores. El problema es que en este circo, tal honradez no tiene premio. Desgraciadamente.

Por último, emerge la parte extradeportiva. Es llamativo que haya media docena de descensos en un año marcado, otra vez, por la pandemia. El calendario ha sido caótico, repleto de aplazamientos y cuarentenas. Aquí, ha salido mejor parado quien menos contagios ha tenido, o quien los ha tenido en momentos de menos lesiones, o durante un calendario más amable… La evidencia, y no otra cosa, nos dice que la pandemia ha condicionado la limpieza de la competición. Por no hablar del asunto de los horarios intempestivos en mitad de semana, una iniquidad cuando hablamos de una categoría amateur. Sin embargo, los clubes bendijeron ese reglamento leonino, y claro, hay bendiciones que matan.

La realidad es que el CF La Solana celebrará el 50 aniversario de su refundación con la ignominia de un descenso, de consecuencias aún imprevisibles. Se abre otra caja de Pandora que pondrá a prueba el futuro de la entidad. Comienza el minuto cero en busca de recuperar la categoría perdida y la tarea se antoja titánica. También comienzan los enigmas a despejar, empezando por la propia Junta Directiva, con su presidente, el bueno de Patricio Peinado, tragando saliva desde una habitación de hospital, donde se recupera de una operación. El palo es durísimo, desde luego, pero este club solo ha perdido una categoría, no una reputación. Ni una historia. Ni una afición. Ese crisol no se compra, se tiene. Hay una salud de base, y por ahí se empieza de nuevo.

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